• 12/abril/2010 •

Somos la cultura, ¡Hagámosla!

<b>Carolina Abell Soffia</b><br>Directora de Extensión Cultural Universidad San Sebastián.

Carolina Abell Soffia
Directora de Extensión Cultural Universidad San Sebastián.

Tenemos que reaccionar culturalmente. Nadie va “a desvestir a un santo para vestir a otro”. Es cierto. Lo dijo, con otras palabras, el Ministro de Cultura, Luciano Cruz Coke. Sin embargo, nadie ha hecho aún lo que más necesitamos: Crear un proyecto cultural que abrace la crisis y, créanme, no es cuestión de dinero, porque la cultura la hacemos nosotros (y casi siempre sin recursos).

Cultura deriva de la palabra cultivar y, ¡qué mejor que hacer cultivo en nuestra tierra interior! El corazón cultural habita en nosotros y lo hacemos diariamente. ¡Tiene vida propia! como la recordada “Negra Ester”, como Huidobro y Mistral, como folcloristas cantándole al rodeo!… La Cultura no es fruto de un plan archipensado o desestructuradamente improvisado. Como todo lo valioso, exige, procesos, talentos y disciplinas más que infinitos fondos.

En estos días quienes hacen, aman, cuidan y generan la cultura chilena están callados. Paradójicamente, no hemos hecho nada más que mirar noticias y, hieráticos, no hemos encontrado una solución creativa o ingeniosa para darle sentido al terremoto y al maremoto.

Algo tiene que ofrecer el variado escenario cultural chileno para darle un sentido al golpe humano y profundamente espiritual que nos afecta. Hay que pensar: ¿cómo enfrentaremos las dificultades humanas que dignifican a las personas para que vuelvan a ser dueñas de sí mismas? Un cataclismo deja huellas de una experiencia difícil que parecería exceder por momentos las fuerzas humanas, aunque siempre nos podemos recuperar más rápido si contamos con los otros.

Es innegable que nos hemos quedado con una carga severa que repercute en nuestra conducta y nos aísla o deprime llevándonos, irracionalmente, a violentar nuestras propias vidas. ¿Cómo ayudar desde el quehacer cultural?

¿Qué podemos hacer las universidades, además de colaborar en virtud de nuestros vínculos propios con el medio en que estamos insertas? ¿Hay algo más que podamos hacer? Podemos hacer mucho: ¡Reflexionar para actuar!

Con poco, podemos hacer mucho. No necesitamos grandes cifras. Tampoco requerimos de muñecos gigantes para creernos más cultos. Volvamos al origen. Reunámonos para contribuir a nuestra cultura: la de hoy, esa cotidiana, aquella Bicentenaria que ahora tiene menos museos, iglesias y parques, menos de todo, pero ¡más experiencia! Juntémonos en torno a una intensa mesa Bicentenaria, que nos permita algo más que redefinir prioridades.

Hablemos para pedirle a los gentiles artistas de siempre que salgan a las calles para verlos bailar, dibujar y pintar; a los fotógrafos, que saquen los caballitos enanos para rememorar las añosas fotos; a los trovadores y a los poetas, para llenar así las derruidas callejuelas del alma con alegría sana.

Invitemos a las orquestas infantiles, a las bandas escolares y de las Fuerzas Armadas para que vuelvan a las plazas con sus tocatas, a los heladeros, acordeones y organilleros para que regresen a pasearse por los barrios. Motivemos a los niños, tan libres siempre, para que se disfracen y canten por las veredas haciendo uso -como en los primeros tiempos de la vida del hombre- de la fantasía de actos simbólicos que protegieron, por centurias, a otros seres humanos que temieron a las fuerzas de la naturaleza.

Recordemos que, en Isla de Pascua, los moais fueron colocados para cuidar a la tierra y a sus habitantes. En pleno siglo XXI, podemos hacer otras cosas. Asuntos simples o más complejos, pero ayudarán a perder esos miedos internos que requieren de tantas consultas sicológicas.

La cultura ha vivido en la calle durante siglos. Nos alimenta hoy también ofreciéndonos la oportunidad de volver a explorar el sano sentido de la entretención simple y del humor pícaro (tan chileno), que -poco a poco- alejará de nuestro lenguaje la palabra catástrofe y, en cambio, colocará hasta en los titulares: “Creatividad Constructora”.

María Carolina Abell Soffia.

Publicado: 12/04/2010

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