• 14/diciembre/2009 •

Sáquenme de aquí inmediatamente

<b>Alejandro Díaz</b><br>Académico de la Universidad Central de Chile, Doctor © en Estudios Latinoamericanos.

Alejandro Díaz
Académico de la Universidad Central de Chile, Doctor © en Estudios Latinoamericanos.

Esa fue la última frase de Eduardo Frei Montalva. El mensaje lo guarda su nieta María Paz Ortega Frei, en un papel, cuyas letras se observan nítidas, pero con un trazo errático, que parecen anunciar el peligro ominoso del cual este presidente estaba cierto. Sáquenme de aquí inmediatamente es el grito de un presidente, impotente frente a la tortura cuyo destino final será la muerte. El sistema de exterminio de la Dictadura había cerrado su cepo sobre otra víctima. Diez días después, también lo haría sobre Tucapel Jiménez. Acribillado en su taxi y abandonado en descampado como un asalto delincuencial. Otras miles de víctimas precedieron estos asesinatos. Desde el mismo 11 de septiembre del 73, Allende anunciaba el camino de muerte que se avecinaba sobre Chile. Unos cayeron como víctimas de la dictadura, otros como opositores, otros como combatientes contra ella. Frei se aprontaba a iniciar un camino de oposición. Por ello la saña de su muerte. La dictadura podía soportar que se le acusara de tener victimas. Lo que no podía y no pudo soportar era tener combatientes y opositores.

El presidente Frei fue otra víctima de la organización diabólica de la derecha en Chile. Porque la dictadura es expresión de la derecha. Al frente del ministerio del interior de la dictadura se encontraba la derecha. La misma que hoy hace campaña. Son los mismos rostros que levantan sus manos y hoy se encogen de hombros. También se encogieron de hombros cuando se les imploraba por los seres humanos que se retorcían de dolor y muerte en las mazmorras. Se encogieron de hombros. Una y otra vez. Lo que más nos duele es que hayan sido cercanos, asevero Francisco Frei, su hijo menor. Así operaba la máquina de muerte de la derecha en Chile. Reclutando a los más pobres como asesinos en la CNI y en la Dina. Nunca alguien de la clase dominante ha estado como peón operativo de los dispositivos de muerte. A excepción de la muerte del general Schneider, en donde apellidos vinosos y conspicuos, aparecieron como participantes de la mafia de asesinos. Sí, siempre los pobres son los peones que cumplen condena, porque ellos ejecutan. Hoy día se venden como lumpen disponible para campañas electorales. Un conscripto peón es el asesino de Víctor Jara. Un jardinero chofer es parte del equipo de muerte de Frei.

Y Estos médicos asesinos son los ángeles de la muerte que de ahora en adelante debemos integrar como parte de las memorias perversas de la dictadura.

Eduardo Frei estuvo de acuerdo con la dictadura y termino siendo consumido por ella. Tardó en darse cuenta que desde el mismo 11 de septiembre, nada era igual. Porque muchos creyeron que el país era el mismo. Que iba a continuar por el camino, del cual, los “demócratas de Santiago” se enorgullecían. Aquel paseo icónico del presidente Alessandri de su depto. a la moneda. De los convites de fin de semana, en donde militares y políticos se saludaban y se daban la mano. Con la dictadura, ese “chile-Santiago” se quebró definitivamente. O más bien nunca existió en realidad. Era la parodia de una democracia que terminaba en los limites clase medieros y oligárquicos de la ciudad primada. Hacia el norte y hacia el sur, la muerte como solución de conflictos había estado siempre presente. Con el 11 de septiembre, la derecha oligárquica avanzó sin contemplaciones sobre su ciudad primada. Había caído en manos de los rotos. Pero solo temporalmente. Nunca más se debía soportar tener a los rotos en el poder. Y por ello la máquina de la muerte.

Tengo la imagen de un niño pobre de un pueblo del sur. Eran los años sesenta. Una larga fila lo precedía. Al frente de la escuela, se habían instalado en un par de piezas, lo que era una bodega improvisada. Avanzaban los niños, todos los niños sin excepción, en un larga fila frente a la vieja casona que oficiaba de bodega. Mientras la larga fila se introducía, por otra puerta salían presurosos otros muchos. Solo que esta vez, llevaban camisas, pantalones, chaquetones, calcetines, chombas. No, no eran usadas, como la derecha acostumbra regalar. Al hombro colgaban zapatos. Marchaban por las calles del pueblo, entre sonrisas y sorpresas. No sé si la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas existía desde antes. Pero los niños de Chile la vieron por primera vez en la imagen de Eduardo Frei Montalva. No eran dádivas. No eran regalos. Eran, se dijo, derechos a exigir. Por ello, cuando hoy nos enteramos de su asesinato, a nombre de esos niños, que alguna vez fuimos, un saludo y un homenaje.

Alejandro Díaz.

Publicado: 15/12/2009

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