• 11/marzo/2010 •

Terremoto en Chile: oportunidad de evaluación

<b>Hugo Ortega</b><br>Director Ingeniería en Agronegocios, Universidad Central.

Hugo Ortega
Director Ingeniería en Agronegocios, Universidad Central.

El terremoto ocurrido en la madrugada del sábado 27 de febrero en la zona Centro Sur de Chile, es la catástrofe natural más grande ocurrida en el país en muchas décadas. Las consecuencias económicas y sociales son devastadoras y afectan a una inmensidad de chilenos.

Sin embargo, si miramos con objetividad y frialdad algunos resultados o consecuencias del fenómeno telúrico, observamos ciertos comportamientos extremos, en el sentido de resultados bastante satisfactorios por una parte y otros tremendamente dramáticos.

En el primer caso, se trata de la infraestructura. Aún cuando hay que reparar mucho, la red caminera y los grandes edificios han resistido casi normalmente, teniendo en cuenta el grado de intensidad del sismo. En otras regiones del mundo, que han experimentado fenómenos de menor intensidad, el deterioro ha sido casi total. Lo único vergonzoso en este aspecto, es cómo las inmobiliarias y las municipalidades se culpan mutuamente por edificios relativamente nuevos que se vinieron al suelo.

En segundo lugar, no dejamos de asombrarnos con la delincuencia, los robos de mercaderías y, ante la imposibilidad de hacer esto último, incendiar voluntariamente locales y bodegas de productos de todo tipo.

La consecuencia de esto está en la presencia de una calidad de ciudadanos chilenos que, marcados por la inconformidad, incluso odio, aprovechan de dañar a aquel que tiene recursos, olvidándose que fenómenos como estos tradicionalmente provocan movimientos de solidaridad.

Esto demuestra un logro no alcanzado por los gobiernos de la Concertación, el desarrollo con equidad como lo propuso el Primer Gobierno de la coalición y como la Presidenta Bachelet, ante tales diferencias, ha tratado de corregir con programas de apoyo netamente sociales como son las pensiones, subsidios en salud, atención infantil y bonos de apoyo directo, entre otros.

Se confundió el progreso (riqueza) con el desarrollo (cultura, educación, solidaridad, bien común, valores, principios, etc.). El que no es exitoso, es fracasado. La globalización nos hizo mirar al mundo y dejamos de mirar a Chile. Aspiramos a ser Potencia Alimentaria Mundial, olvidándonos del 80% de nuestros agricultores, los más pequeños. El discurso político partidario perdió validez y prestigio. Gente de izquierda se pasaba a la derecha y los de derecha sacaron un discurso populista.

Intentemos trabajar todos por una sociedad más justa, donde podamos construir un Chile donde todos tengan cabida y responsabilidades claras y que cuando enfrentemos fenómenos tan violentos como el del sábado 27 de febrero pasado, surjan movimientos de solidaridad y bien común, no de odios ni divisiones.

Hugo Ortega.

Publicado: 11/03/2010

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