• 09/marzo/2010 •

Terremoto y sociedad

<b>Claudio Barrales</b><br>Psicólogo, Académico de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Central de Chile.

Claudio Barrales
Psicólogo, Académico de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Central de Chile.

El terremoto que hemos sufrido como población chilena no sólo trae y traerá consecuencias de pérdidas humanas y materiales. También está produciendo y producirá por largo tiempo consecuencias psicológicas como las que estamos viendo en todo momento a través de los medios de comunicación.

Por lo tanto, es un deber de la psicología como ciencia y disciplina de servicio social tanto aportar con explicaciones sobre el comportamiento humano en emergencias y desastres, como también las formas de apoyar psicológicamente a la población a sobrellevar de la mejor manera esta crisis nacional.

Por un lado muchos de los fenómenos sociales que están ocurriendo en la actualidad producto del terremoto -saqueos, poblaciones armadas para defenderse, hasta actos de heroísmo y solidaridad y psicosis colectiva-, se deben a una combinación entre reacciones psicológicas naturales de los individuos, los mecanismos biológicos y psicológicos de supervivencia, la incertidumbre por falta de rápida información y/o ayuda de las autoridades locales y nacionales competentes y la motivación de satisfacer las necesidades básicas y de seguridad ,de sobrevivir.

Los seres humanos para vivir y reaccionar adecuadamente a cualquier exigencia del ambiente necesitamos el control, la información inmediata que nos da seguridad. La incertidumbre nos incita a conductas anormales y hasta antisociales.

Estas variables se expresan debido a la presencia de factores llamados protectores o debido a factores de riesgo.

Por ejemplo, en el caso de los saqueos, los factores de riesgo tienen directa relación con factores históricos y crónicos, como la pobreza, la exclusión, la represión social, las subculturas, experiencias negativas de vida y el escaso o difícil acceso de esa población a las redes de apoyo formal municipal y gubernamental.

En el caso de los actos de valentía, el heroísmo y las muestras de solidaridad, estas personas poseen con mayor probabilidad factores protectores psicosociales tales como acceso expedito a las redes de apoyo formal, familias con valores y roles definidos, alta resiliencia y éxito en el afrontamiento de las exigencias de la vida, además de participación en redes informales y alta satisfacción de sus necesidades básicas de autoestima y seguridad.

Por otro lado, a nivel psicológico individual, las investigaciones muestran que la mayoría de las personas reaccionan tanto adultos como niños y jóvenes, ante desastres y catástrofes naturales con reacciones psicológicas normales y adaptativas ante situaciones desadaptativas, con reacciones psicológicas agudas y pasajeras tales como; angustia, tristeza, miedo, incertidumbre, llanto, etc. En el menor de los casos las personas reaccionan con trastornos psicopatológicos o psiquiátricos como el estrés postraumático, la ideación suicida, suicidios, depresión mayor, histeria, crisis de pánico, etc.

De esta forma, es importante ayudar e informar a la población a que entienda que estos síntomas y signos son naturales y pasajeros y que no son síntomas de locura o problemas mentales graves.

Por ello, para afrontar psicológicamente y de la mejor manera esta catástrofe y prevenir secuelas psicológicas graves y permanentes en la población es fundamental realizar algunas conductas, como por ejemplo: expresar las emociones, conversar con otros sobre los sentimientos involucrados, apoyar a otras personas, ser solidario, ser un líder positivo, mostrarse seguro en frente de los niños o hijos, continuar dentro de lo posible con las rutinas diarias, establecer metas progresivas de readaptación y rehabilitación social, organizarse con otros, unirse y cohesionarse emocionalmente con la familia nuclear y extendida, valorar el estar vivo y darle menor importancia de los bienes materiales. Junto a ello, imprimirle un sentido a la vida actual.

En el caso específico de los niños es fundamental que los adultos o sus padres los motiven a seguir con las rutinas habituales de comida, sueño e higiene. Ellos, deben seguir jugando y socializando con otros niños y recibir explicaciones con la verdad pero con un lenguaje apropiado a cada edad, respecto a la tragedia. Los adultos deben mostrarse seguros y equilibrados delante de ellos y ejercer sus roles en forma clara.

En los casos más graves de detección de psicopatologías es necesario buscar ayuda especializada en los servicios de salud mental locales.

La catástrofe actual y sus consecuencias psicológicas, económicas y sociales están aquí para quedarse durante un largo tiempo en nuestro país. Por esa razón, es nuestro deber como profesionales, pero también como ciudadanos, apoyar y apoyarnos para recuperar el control de nuestras vidas lo más rápido posible.

Claudio Barrales.

Publicado: 09/03/2010

Relacionados: