• 20/noviembre/2009 •

Tiempo de exigir dignidad

<b>Sergio Laurenti</b><br>
Director Ejecutivo, Amnistía Internacional – Chile.

Sergio Laurenti
Director Ejecutivo, Amnistía Internacional – Chile.

La escandalosa violación de Derechos Humanos en la Araucanía y la falta de acciones concretas y suficientes para evitarlas son un fracaso rotundo y hay responsables. Indudablemente hay avances en muchos asuntos relacionados con la impunidad del pasado pero la falta de acción y coraje político de los poderes tanto legislativo como ejecutivo, están creando un escenario de impunidad en el presente, que podría tener consecuencias desastrosas en el futuro inmediato.

Hay responsabilidades graves de grupos radicalizados que no representan a la mayoría de las comunidades mapuche. Estos grupos deben cesar en su provocación y no reincidir en nuevos ataques a personas y bienes. Quienes estén afectados tienen derecho a justicia y reparación y los responsables ser llevados antes una justicia que haga su trabajo sin sesgos.

Por el otro lado, la mano dura y gatillo fácil de la policía no se puede seguir condonando por más tiempo. En febrero, el gobierno prometió una mesa de trabajo sobre “el problema policial” a Amnistía Internacional y otras organizaciones y esto no se ha cumplido. ¿Cuánta gente más tiene que morir, ser herida, maltratada o detenida injustamente? Después, cuando haya una revuelta o reacción mucho más grave –que podría ocurrir en cualquier momento- los de siempre elevarán las manos al cielo, invocaran la ley anti-terrorista y justificaran lo injustificable.

¿Necesitan más evidencias quienes toman las decisiones? El impacto de las industrias extractivas a gran escala y proyectos de silvicultura en las vidas de los pueblos indígenas se siente en todo Chile. Afecta su acceso a la tierra y al agua, y causa la degradación y contaminación del medioambiente, migración a las ciudades y tensiones entre las propias comunidades. Los indicadores de salud y educación sugieren que los Pueblos Indígenas tienen una desventaja seria en comparación con el resto de la población de Chile. La resolución inadecuada de reivindicaciones sobre tierras ancestrales y el uso de la legislación inapropiada y de la jurisdicción militar, así como el uso de la fuerza excesiva y actividad policial desproporcionada en algunas comunidades, penaliza la protesta y causa un daño irreparable en la confianza de las personas en sus gobernantes.

Al fin del día, tampoco se espera que los gobiernos hagan magia, si no sólo su trabajo: combatir la pobreza y la discriminación con acceso igualitario a derechos esenciales: salud, justicia, educación y seguridad – y a derechos adquiridos sobre la tierra, el agua y otros recursos naturales. Es decir, el Chile justo que la presidenta Bachelet ha proclamado desde los días de la campaña presidencial anterior. Otro gobierno se termina y en éstos asuntos está más al debe que al haber.

La mala noticia es que no hay perspectivas de cambio: ninguno de los candidatos a la presidencia ha incluido de manera explícita propuestas de acción para mejorar la promoción y protección de los derechos humanos, viables y conducentes a resolver esta llaga abierta en la realidad chilena.

La buena noticia es que no hay que inventar soluciones: Hay mucho por hacer, pero las organizaciones de la sociedad civil ya hemos aportado las recomendaciones y señalado un camino. Ahora es tiempo de exigir dignidad y ocuparse de las cosas que importan.

Sergio Laurenti.

Publicado: 20/11/2009

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