• 12/mayo/2013 •

Tiempo de guerrillas

Andrés Rojo Torrealba

Andrés Rojo Torrealba
Periodista titulado de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es sesor parlamentario por cerca de quince años, en el Senado y la Cámara de Diputados. Colabora con medios nacionales y regionales, además de virtuales; realiza asesorías para diversas embajadas: y presta funciones como escritor fantasma. Conduce un taller de cuentos y escribe cuentos, novelas y aforismos.
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Andrés Rojo Torrealba
Periodista titulado de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es sesor parlamentario por cerca de quince años, en el Senado y la Cámara de Diputados. Colabora con medios nacionales y regionales, además de virtuales; realiza asesorías para diversas embajadas: y presta funciones como escritor fantasma. Conduce un taller de cuentos y escribe cuentos, novelas y aforismos.

Bien es sabido que las campañas electorales no son una taza de leche ni se espera que los contendores se traten con guante blanco.   Son un período de lucha, de verdadera guerrilla en la que se recurre a todas las armas posibles para demostrar que el contrincante no merece ser electo, y que uno sí tiene todos los méritos para captar la adhesión del electorado.

Lo que no estaba previsto, aunque no es tampoco una sorpresa, es que la campaña empezara con tanto tiempo de anticipación.   La idea de realizar primarias, aunque no resultara del todo como estaba calculado, implica adelantar el período de campaña, dando como consecuencia que los presidenciables y aspirantes al Parlamento tengan por delante más de medio año de campaña, lo que, sin duda, traerá efectos desde el punto de vista de la saturación del tema político para vastos sectores de la ciudadanía y desde la perspectiva de la regulación legal de las campañas y del financiamiento.

Lo importante, sin embargo, es constatar que, salvo algunos episodios protagonizados por parte de los candidatos presidenciales, que esta guerrilla que es la lucha por captar los votos tiene poca sustancia y mucho de efectos pirotécnicos, de buscar pequeñas victorias comunicacionales y mantener restringido un debate de verdad sobre los asuntos importantes.   Mucho ruido y pocas nueces, mucho de forma y poco de fondo.

Los temas importantes siguen siendo el de la participación ciudadana y la confirmación o necesidad de modificar el modelo político y económico.   Esos son los asuntos que ameritarían un debate profundo y en consciencia, más que el esfuerzo por poner en duda los méritos de los contendores en las elecciones presidencial o parlamentaria.

En este sentido, parece que los postulantes a conquistar la adhesión ciudadana aún no entienden la vastedad y profundidad de la situación actual de la política.  Lo de reemplazar el sistema electoral binominal por otro efectivamente representativo ya es parte de los consensos básicos -aunque aún sin respuesta- y no se vislumbra nadie que esté un paso delante de la coyuntura, que proponga en vez de limitarse a responder preguntas ya viejas.   Esa es una característica básica del liderazgo en política y, hasta ahora, estas elecciones no están siendo el momento en el que aparezcan realmente líderes con capacidad de impulsar el carro de los cambios en una dirección que permita despejar las controversias por un largo plazo.

Hay que recalcar que los países que se la pasan discutiendo sus diferencias sin resolverlas, se encuentran limitados en su progreso, y eso no se está entendiendo. Las guerrillas electorales pueden ser atractivas por un rato, pero no son provechosas.

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