• 25/octubre/2009 •

Tomás González, el gimnasta

<b>Jaime Fillol</b><br>Director de la Carrera de Educación Física Universidad Andrés Bello.

Jaime Fillol
Director de la Carrera de Educación Física Universidad Andrés Bello.

Seguir la trayectoria deportiva de Tomás González ha sido una preocupación personal mía desde cuando colgué en su cuello su primera medalla de oro. Tendría 6 o 7 años y había ganado el Campeonato de Preparación Física para la Gimnasia, organizado por el querido profesor Eugenio Belov, Director de la Escuela de Gimnasia del CDUC, en el año 1995. No ha sido la única vez que con mucho agrado he participado en actos como este, pero ese fue uno especial, especial porque lo dirigía el gimnasta olímpico ruso, doctor en ciencias del deporte, Rector del Instituto de Deportes de Moscú, entrenador de las selecciones olímpicas de gimnasia de Rusia y de Cuba, eminencia deportiva, había mucho que aprender de él y era un honor acompañarlo. Pero esta no era la única razón que me llevó al antiguo gimnasio del COCH en la calle Tarapacá, Eugenio había seleccionado a un pequeño que él garantizaba públicamente podría ser medalla olímpica, primero en la historia de la gimnasia chilena. Nunca antes y yo creo que nunca más escucharé a un entrenador en Chile garantizar una medalla olímpica. Ese pequeño era Tomás González y la promesa está por cumplirse, aunque yo ya lo doy por cumplida, dado el nivel de rendimiento que Tomás demuestra en forma constante en los campeonatos mundiales.

No cabe duda que los méritos son siempre del deportista y que el entrenador es quien lo conduce, pero en este caso habiendo conocido y hecho amistad con el profesor Belov tengo que decir que los méritos son igualmente compartidos. Hacer de la nada un programa de gimnasia con proyección olímpica requiere no solamente los conocimientos y experiencia necesarias que él tenía y pocos en el mundo la tienen, sino que la fuerza que da la pasión o amor por el deporte y la convicción de que el trabajo bien hecho da resultados. Esa pasión y convicción llevó a Eugenio Belov a soportar los 10 años que vivió en nuestro país siendo rechazado, criticado y objetado a un nivel de casi tortura mental permanente por el medio deportivo de Chile.

Tomás González, ahora solo, sin su maestro, continúa en la misma lucha con nuestro medio, pero él y su familia aprendieron que con pasión, amor y un trabajo bien hecho se pueden superar los más grandes obstáculos. Seguiré acompañando a Tomás y a Eugenio Belov porque son ejemplos valiosos a seguir.

Curiosamente, desde que Eugenio regresó a Moscú nunca más se hizo el Campeonato de Preparación Física para la Gimnasia.

Jaime Fillol D.

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