• 10/noviembre/2010 •

Tres prácticas reñidas con el espíritu deportivo en las elecciones en la ANFP

<b>Rodrigo Vidal Rojas</b><br>Arquitecto Universidad de Santiago de Chile. Docteur es Lettres, Universite de Lausanne, Suiza Master en Diseno Urbano y Ordenamiento del Territorio, Universite de Geneve, Suiza. Master en Ciencias Sociales del Desarrollo, Universite de Geneve, Suiza. Di

Rodrigo Vidal Rojas
Arquitecto Universidad de Santiago de Chile. Docteur es Lettres, Universite de Lausanne, Suiza Master en Diseno Urbano y Ordenamiento del Territorio, Universite de Geneve, Suiza. Master en Ciencias Sociales del Desarrollo, Universite de Geneve, Suiza. Di

Esta elección provoca sinsabores, dudas, sensación de impotencia y malestar en la hinchada del fútbol, más que ilusiones.

La elección de Jorge Segovia a la cabeza de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP) confirma tres prácticas bien incrustadas en nuestra sociedad:

Primero, que la “cuestión” económica-empresarial-privada domina de manera hegemónica nuestra sociedad (incluida la pasión por el fútbol), con desprecio por el interés público y decididamente contra la voluntad o necesidad de las mayorías. Los propietarios de los equipos, de las empresas vinculadas, de los jugadores, de los entrenadores, de los estadios, del equipamiento, de la infraestructura, de las universidades, de los bancos, de su casa y de la mía, del país entero, se ponen de acuerdo para hacer lo que más convenga a sus intereses empresariales y familiares. No solo en el fútbol, sino en todos los ámbitos.

En este contexto, surge una curiosa coincidencia. El 27 de octubre, el Señor Hermógenes Pérez de Arce informa que “Bloise [presidente de Everton] recibió tres llamados de Piñera para que persistiera en su candidatura”, además de acusar al Mandatario de “intentar intervenir en las elecciones de la ANFP” y de querer “controlar el fútbol profesional chileno”. Independientemente de la veracidad de estas acusaciones y del poco aprecio que desde hace muchos años separa a Pérez de Arce del Presidente, lo curioso es que el 3 de noviembre, un día antes de las elecciones en la ANFP, el Presidente anuncia que “confirmamos el compromiso para mejorar, modernizar y remodelar el Estadio Sausalito en Viña del Mar, con el compromiso de que Everton siga en Primera División, compitiendo por el título, y no por la liguilla de descenso”. Curiosa coincidencia de que sea el mismo presidente de Everton el beneficiado por el enorme interés del presidente hacia un club en particular, un día antes de las elecciones.

Segundo, que el fútbol (pero no solo el fútbol) vive bajo la dirección de dirigentes donde un grupo importante de ellos sufre lamentablemente de tres enfermedades degenerativas: miopía, alzheimer y sordera. La miopía, que les impidió mirar más allá de sus intereses económicos, para ver que el proyecto que inició Harold Mayne-Nicholls hace casi cuatro años, ya estaba dando buenos dividendos para el futuro: posicionamiento de la roja, que saltó del lugar 80° al 10°, después del mundial; fortalecimiento de las divisiones inferiores y del fútbol femenino; construcción o modernización de una decena de estadios; ordenamiento financiero de la ANFP, además de una repartición igualitaria de las ganancias del Canal del Fútbol, para todos los clubes de primera A y B.

Respecto de la repartición igualitaria, se trata de una equidad inaceptable para los dueños del fútbol, lo que se refleja en la distribución de los votos: mientras 12 clubes de primera A votaron por Segovia, incluidos los “grandes”, solo 6 lo hicieron por Mayne-Nicholls. En la otra cara de la moneda, 10 clubes de primera B votaron por Mayne-Nicholls contra 4 que votaron por Segovia. Claro, porque los principales dividendos logrados eran deportivos para el fútbol y no económicos para sus dueños.

El Alzheimer, les impidió ver que en cuatro años se construyó un proyecto futobolístico y serio que prometía transformar definitivamente el fútbol chileno, siempre mediocre, en un deporte realmente respetado a nivel internacional con posibilidades de éxito real. Y sordera, que no les permitió escuchar a los verdaderos actores que permiten que el fútbol sea el deporte-rey en Chile: los hinchas. Los que compran entradas en sus estadios, que ven el fútbol por sus canales de televisión, que se informan por sus diarios, que compran todas las porquerías que sus empresas venden, en definitiva, que financian sus arcas financieras. Los hinchas que querían la continuidad de Mayne-Nicholls y Bielsa.

La tercera práctica incrustada es de perogrullo: para ganar una elección se requiere tener los votos requeridos. Esta obviedad es aún más importante en un país donde la astucia supera a la inteligencia; los negocios triunfan sobre la decencia; la economía está por sobre la ética; y el interés privado reina sobre el bien común. En este país, lo crucial no son las capacidades, los talentos, el carisma, la moral, la calidad de un programa, la legitimidad de las personas o los argumentos. En este país triunfa aquel que tiene el olfato para discernir aquel objetivo que pueda ser capaz de interpelar al 50% + 1 de los votantes, independientemente de lo que ocurra después de la elección. Vivimos en un país donde la construcción del discurso “de los acuerdos” traza las decisiones de los votantes, a través del mecanismo de los pseudo-consensos, es decir, la capacidad de ponerse de acuerdo en torno a nada concreto, excepto salvaguardar el interés personal de cada votante a cambio de su compromiso de voto para asegurar el triunfo. En consecuencia, contar con los votos no es sinónimo de tener la legitimidad, el derecho, la mejor propuesta ni, menos aún, ser el mejor. Es simplemente contar con los votos.

Todos los amantes del fútbol quisiéramos que la gestión del Señor Segovia sea de una calidad y transparencia tal, que permita mantener los logros alcanzados estos últimos cuatro años, y mejorar lo que hay que mejorar en el fútbol chileno. Pero todos tenemos legítimo derecho a dudar de que eso se logre, a la luz de estas prácticas reñidas con el espíritu deportivo. Pero también, a la luz de un innecesario cambio de directorio y de la pérdida de uno de los mejores entrenadores del mundo. Esta elección provoca sinsabores, dudas, sensación de impotencia y malestar en la hinchada del fútbol, más que ilusiones. Incluso en aquellos que hemos sido hinchas de Unión Española durante toda la vida y que observamos con pena que desde la llegada de Jorge Segovia en 2008, Unión no ha tenido ningún logró en lo deportivo.

Rodrigo Vidal Rojas.

Publicado: 10/11/2010

Relacionados: