• 26/enero/2010 •

Triángulo virtuoso

<b>Hugo Ortega</b><br>Director Ingeniería en Agronegocios, Universidad Central.

Hugo Ortega
Director Ingeniería en Agronegocios, Universidad Central.

Los pequeños agricultores chilenos no han podido incorporarse a un ritmo de progreso que les permita lograr mejores niveles de rentabilidad y desarrollo. Una de las causas principales de esta situación está en que no se ha logrado una sintonía fina entre quien es apoyado, el agricultor, y quien apoya, principalmente el Estado.

Una proposición interesante es que se establezca una relación triangular, sumando a las dos instancias ya mencionadas, una tercera, que podría ser la Universidad. Así organizados, el Estado financiaría los honorarios de la universidad según los resultados. La universidad por su parte, estudiaría las situaciones reales, trabajándolas con el propio agricultor, idealmente asociados para lograr cantidad y calidad a menores costos, y trabajar en forma permanente y no esporádica como ha sido hasta ahora.

Las virtudes son varias. Primero, el Estado solo financia el logro alcanzado. Si éste no se logra en un mediano plazo, se suspende el financiamiento y así no se botan cantidades enormes de recursos financieros públicos. Segundo, la universidad, que está obligada a relacionarse con su entorno, se nutre de esta manera con una realidad que hasta hoy día no se entiende bien, que ha sido la falla estratégica de gestión exitosa con pequeños empresarios, lo que le sirve, además, para formar profesionales para este mayoritario tipo de empresarios existentes en Chile. Y, finalmente, el pequeño empresario logra incorporarse al desarrollo debido a una asistencia de calidad permanente en el tiempo.

Esta fórmula, ha sido de alguna manera intentada, pero los resultados no han sido lo suficientemente satisfactorios. Las razones son muchas. Algunas de ellas, tal vez la más habitual, la exagerada burocracia, de exigir condiciones poco flexibles para grupos heterogéneos, donde las normas tal vez demasiado rígidas, las pueden cumplir solo algunos y la sensación de resultados no suelen dejar los ánimos muy buenos para insistir o repetir los esfuerzos desplegados. La otra gran razón es que el Estado siempre espera la conducción de grupos de bases de parte de algún líder natural del grupo, siendo que esta característica no suele darse con facilidad. Por el contrario, la gestión la debe liderear un foráneo y profesional capacitado, por lo menos en el período en que se “ponga en pié” el proyecto y esté ya funcionando.

El pequeño agricultor necesita cumplir tres condiciones mínimas para tener resultados satisfactorios: lograr un producto de calidad con un rendimiento adecuado por unidad de superficie, gestionar su empresa con criterios de rentabilidad y disponer de alternativas de venta donde logre márgenes razonables de utilidad. Hoy día, salvo excepciones, el pequeño agricultor chileno no está preparado para esto. Las dos exigencias que deben darse son, primero la asociatividad y, segundo, la de ser apoyado con la gestión de más alta calidad posible.

Hugo Ortega.

Publicado: 26/01/2010

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