• 31/agosto/2010 •

Tulipas versión 8.8

<b>Hans Intveen</b><br>Arquitecto Universidad San Sebastián.

Hans Intveen
Arquitecto Universidad San Sebastián.

Hace poco, caminando por el paseo peatonal, alguien comentaba lo inclemente que había sido el terremoto con nuestra ciudad de Concepción, y señaló con el dedo las tulipas a medio terminar o, según su visión, a medio destruir.

La persona que lo acompañaba soltó una carcajada y le dijo “no, si esto es así, es que están a medias”.

Si pensamos un momento en nuestro espacio público, el terremoto nos encontró con la ciudad a medio construir –o quizás a medio destruir, difícil decirlo–.

Como una vegetación exótica y desproporcionada para nuestro ecosistema urbano, las tulipas se yerguen como una adecuada metáfora sobre la urbe que estábamos trazando: improvisada, foránea, distante con el ciudadano común.

Una calle techada no es una mala idea en sí, como lo demuestra el breve paseo Las Palmas, en Santiago, que a su vez es una poco elegante copia de un paseo de Calatrava. Incluso las tulipas tampoco son mala idea, como se puede apreciar en la magnífica nave diseñada por F. L. Wright para Johnson and Son, una de sus obras maestras.

De hecho, necesitamos plazas y paseos cubiertos, plenamente operativos en días de lluvia, lo que implica desterrar la idea de que el único tipo de plaza es aquella “con arbolitos”; espacios que puedan adaptarse a distintas situaciones y que no dependan en su administración de un concesionario.

Pero esta “acupuntura urbana” hay que resolverla adecuadamente, con los códigos locales. ¿Por qué no se pensó en la madera laminada, por ejemplo, con todo el conocimiento que existe en la zona?

En otras palabras, si bien es imperativo repoblar nuestro paisaje urbano, debemos hacerlo igual que cuando se recurre a un trasplante: lo primero es verificar si existe compatibilidad, pues de lo contrario el remedio puede ser peor que la enfermedad, en especial si el organismo-ciudad todavía está en la UCI.

Hans Intveen Pérez.

Publicado: 31/08/2010

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