• 14/julio/2010 •

Un trauma de rostro y alma

<b>Mario Gutiérrez Acevedo</b><br>Académico de Odontología, Concepción. Universidad San Sebastián.

Mario Gutiérrez Acevedo
Académico de Odontología, Concepción. Universidad San Sebastián.

Ana María, de 31 años, viaja con su familia en automóvil rumbo a unas merecidas vacaciones. Todo es alegría. Sus hijos leen y escuchan música, mientras ella duerme plácidamente. Juan, su marido, conduce aceleradamente para llegar antes de mediodía. De improviso, todo cambia. El fuerte frenado de un camión lo obliga a realizar una brusca maniobra. Esquivan al vehículo de carga, pero impactan de frente con otro móvil. Los gritos y llanto de sus hijos es lo último que recuerda. Luego, el silencio y la inconsciencia.

El rescate de los cuerpos fue difícil. Al ingreso al Servicio de Urgencia, los médicos hacen lo posible por salvar sus vidas. Juan está politraumatizado, los niños se encuentran policontusos. Ella, en tanto, con el impacto por no llevar el cinturón de seguridad, se golpeó violentamente la cara contra el parabrisas. Debe ser ingresada a pabellón de inmediato: la reconstrucción de su rostro es prioridad. El inicio de esas vacaciones ya es pasado, mientras el presente y futuro será para Ana María un largo proceso de tratamientos y de rehabilitación.

Todo lo anterior es verídico y forma parte de una realidad de la que aún no hay conciencia. La cara es depositaria de los órganos de los sentidos. La expresión y la comunicación requieren de un rostro anatómicamente intacto, funciones vitales necesitan de su integridad. Es nuestra carta de presentación ante la sociedad. Una alteración de la fisonomía facial no nos permite socializar adecuadamente, humilla, aísla al ser humano y lo confina a un proceso de recuperación ante traumatismos que implica desde el manejo médico inicial hasta múltiples cirugías reconstructivas de gran complejidad.

La prevención resulta fundamental. La educación desde las aulas es necesaria. Las sanciones al conductor irresponsable deben ser revisadas. La sociedad toda debe tomar conciencia de este flagelo, pues el costo social y económico es altísimo. El daño psicológico queda latente, aún en un rostro rehabilitado. No nos expongamos, este tipo de errores nos dejarán dolorosas cicatrices, en cuerpo y alma, prácticamente imposibles de reparar.

Mario Gutiérrez Acevedo.

Publicado: 14/07/2010

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