• 23/febrero/2015 •

Un verano agitado

Andrés Rojo Torrealba

Andrés Rojo Torrealba
Periodista titulado de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es sesor parlamentario por cerca de quince años, en el Senado y la Cámara de Diputados. Colabora con medios nacionales y regionales, además de virtuales; realiza asesorías para diversas embajadas: y presta funciones como escritor fantasma. Conduce un taller de cuentos y escribe cuentos, novelas y aforismos.
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Andrés Rojo Torrealba
Periodista titulado de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es sesor parlamentario por cerca de quince años, en el Senado y la Cámara de Diputados. Colabora con medios nacionales y regionales, además de virtuales; realiza asesorías para diversas embajadas: y presta funciones como escritor fantasma. Conduce un taller de cuentos y escribe cuentos, novelas y aforismos.

La tradición nacional dice que en verano -en febrero, para ser más precisos- no pasa nada en Chile, salvo algún escándalo de la farándula o los consabidos terremotos, pero el 2015 fue distinto.   Aunque algunos procesos se iniciaron con anterioridad, no hubo descanso durante febrero: El Pentagate, el Nueragate, las complicaciones en las relaciones con Bolivia y ahora Perú, los reclamos contra el nombramiento de Juan Barros como Obispo de Osorno y el anuncio del Gobierno, al filo de enero, respecto a promover un proyecto de despenalización del aborto terapéutico que ocasionó una fuerte oleada de disputas en la Nueva Mayoría.  Como si no bastara con eso, una bomba en las cercanías de una iglesia que no explotó pero permitió recordar que hay solo tres detenidos por veinte artefactos colocados durante el año pasado.

Ya que la tradición ha sido rota, resulta difícil adivinar cómo vendrá marzo, aunque la lógica anticipa que será aún más intenso que las ocasiones anteriores, cuando la clase política regresaba de sus vacaciones como escolares, con la disposición de iniciar el año desde cero, casi contándose de sus aventuras veraniegas y con la agenda vacía.  Esta vez, sin embargo, el año 2015 empezó sin ellos.

¿Cuál es la diferencia respecto de otros años?   Podrían suponerse dos factores.   Por un lado, una ciudadanía más activa en las redes sociales, dispuesta a denunciar y criticar los hechos que considera contrarios a la ética o directamente delictuales; y en segundo término un sistema de medios de comunicación social más disponible a la publicación de las denuncias y las críticas, sobre todo cuando los medios tradicionales se ven amenazados por la proliferación de periódicos digitales.

Ninguno de estos factores explica por sí solo el fenómeno de un febrero hiperactivo. Es la suma de ambos.  La gente activa en las redes sociales obtiene el material para su furia de la prensa y el periodismo, que ya sabe que las redes se han levantado como su principal competencia y que es imposible el silencio, comienza a sumarse a una sociedad en la que no se perdona a nadie.

Este es un proceso en desarrollo al que le falta aún afinar algunos aspectos, como la tendencia de la gente a escudarse en el anonimato de las redes para exigir ejecuciones públicas sin mayor racionalidad, la adaptación de la prensa tradicional a la nueva realidad y un mayor profesionalismo y ética de los medios digitales.

Los que están claramente en la retaguardia de las transformaciones son los políticos.  Ya no es posible que se vayan de vacaciones todos al mismo tiempo, dejando  un par de diputados haciendo el turno para las declaraciones de prensa.  En un mundo que no se detiene ya no es posible ser un actor social si no se está permanentemente en conexión.

 

Andrés Rojo Torrealba

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