• 02/junio/2017 •

Una Cuenta ¿ de qué?

Nunca había sentido en Chile un ánimo de tan profundo desencanto como el que hoy se observa, se escucha y se lee en las redes sociales. Nunca se había visto en Chile el nivel de mediocridad, decadencia, robo e irrespeto a las instituciones, como el que hoy se vive. Aunque alguien se propusiera hacer las cosas mal, no alcanzaría los niveles de tontera, desmotivación, irresponsabilidad, dejación o flojera mental, que se advierte por donde se mire. El saqueo al Estado, a todo nivel, llega a cifras lapidarias.

Gracias al Periodismo libre, de investigación y análisis, se ha podido develar las redes que corroen al Estado de Chile, con una avalancha de noticias en donde la corrupción reina.
La negligencia de Carabineros cuando una turba de vándalos en el centro mismo de la capital marcha encapuchada y destruye todo a su paso. Y no hubo ni un solo detenido. Si eso no es cobardía es un notable abandono de funciones, un delito dentro de la administración del Estado que amerita exoneración o degradación. Pero acá no pasa nada.

Un anciano se tropieza en hoyo que nadie tapa, por el que nadie se hace responsable, y al caer el adulto mayor golpea su frente y queda inconsciente. Comedidos lo abrigan, llaman a la ambulancia, 2 horas el herido tirado y nada. Hasta que llega un familiar a socorrer al viejito y se lo lleva en taxi a un hospital. En una declaración que agrava la falta por televisión, se ven varias ambulancias esperando que la tecnología las oriente, pero nadie atendió el teléfono o, si lo hizo, dejó morir el llamado en la vía muerta. Total, acá no pasa nada.

CODELCO con bonos auto concedidos de casi 600 mil dólares (es mejor trabajar con divisas para entender las cifras); Carabineros con una asociación ilícita que cruza desde el alto mando al perraje que prestaba las cuentas. Allí hay un barril sin fondo, con gastos reservados canalizados por planilla con carácter de sobresueldos. El viejo chico Pizarro vociferó que en Codelco no había un puto peso. Pero Codelco es un ghetto donde se blinda el acceso a la Contraloría o la Cámara de Diputados. La caja negra oculta décadas de malas prácticas, pero con la viga maestra, con el sueldo de Chile, no pasa nada.

Si se mira los manejos políticos con fiscales que entierran causas, sobreseen, dejan correr el tiempo para que las causas prescriban,  esos fiscales al final de su cometido son premiados por esos poderes tras bambalinas. Se les promueve a cargos de por vida, se les nombra notarios, consejeros del Consejo de Defensa del Estado.

Si se asoma la lente fiscalizadora a las Municipalidades,  se descubren cifras exorbitantes gastadas en capacitación de concejales en el extranjero,  con viáticos y pasajes, todo para que ellos al volver apliquen lo aprendido en sus comunas. Más allá de las selfis en Instagram poco han dejado esos cursillos a cargo de municipios llenos de necesidades.

No escribo desde la desesperanza, sí desde una profunda rabia e indignación, pues, como profesional del Estado, sé que hay formas correctas de gestionar, con manos limpias, con celo funcionario. Que los servidores públicos en general  somos gente honesta, dedicada, que quiere servir honestamente. Pero, desde la política corrompida en forma incestuosa por os grupos de interés, se ocupa el Estado con impericia, improvisación, con criterios obtusos, sin capacidad de articular políticas públicas, generando vetas para favorecer a sus clientes, amigos o compadres, todo a costa de una sana gestión pública. Y cuando una Jefa de Estado, por televisión, entrega carritos de comida saludable a micro emprendedoras, mientras el país se cae a pedazos, por paros, catástrofes, saqueos de los corruptos, y ella no asume, no lidera, no gestiona. ¿Qué cuenta dará mañana 1° de junio?

 

Hernán Narbona Véliz
Periodismo Independiente
Una mirada libre a nuestro entorno

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