• 04/junio/2010 •

¿Una nueva catástrofe para Concepción?

<b>Soledad Garay Pita</b><br>Directora de Escuela de Arquitectura Universidad San Sebastián.

Soledad Garay Pita
Directora de Escuela de Arquitectura Universidad San Sebastián.

Bastante inquietud, por decir lo menos, me surge con las informaciones que señalan que la preocupación de nuestras autoridades se centra hoy en las multas y plazos de las demoliciones programadas en Concepción.

Me pregunto quién multará a los responsables e involucrados de la autodestrucción a la que estamos siendo víctimas por falta de sensibilidad y una paranoia desmedida, provocada en parte por desprolijidad a la hora de sancionar órdenes de demolición y/o informes de daños estructurales en edificaciones que no son tales.

Es necesario comprender cómo esta ciudad enfrenta el desafío de recomponer un tejido urbano dañado y deteriorado, que hoy se presenta a través de la ausencia de edificaciones, el vacío y la demolición acelerada y descontrolada de parte de su historia y perfil arquitectónico. No olvidar, además, que también es necesario restituir la confianza de los habitantes e inversionistas en un territorio de características sísmicas.

Recordemos que en silencio y por razones de “desarrollo prioritario” se demolió por completo hace algunos años una de las zonas históricas que había logrado sobrevivir a los sismos de 1960, para dar cabida a la Nueva Costanera y los edificios del Gobierno Regional. El Barrio de Ferrocarriles no logró subsistir ante otra catástrofe.

Completamente mudos quedamos al ver la intervención de la envolvente del edificio diseñado por Oscar Mac-Clure y Hernán Monckeberg, ubicado en la esquina de Tucapel y la Diagonal.

Al recorrer calle Barros Arana, en el denominado Eje Bicentenario, podemos constatar la acelerada remodelación del Portal Loosli, de 1925, el cual está siendo reconstruido con una estructura de acero, que dudo se aproxime a la calidad de lo recientemente destruido.

Qué ocurrirá con el edificio Fuic, de Osvaldo Cáceres, donde se estima demoler los tres pisos superiores, o el del Hotel El Araucano, que es otro que está siendo remodelado en su fachada, hoy en manos de una empresa de aluminios que cambia la modulación de las ventanas, antepechos y palillajes, sin considerar la idea original de un magnífico ejemplo de arquitectura moderna regional.

Una incógnita sin resolver es el destino del malogrado Palacio Hirmas, de 1928, actualmente en manos de una casa comercial.

Comprendemos perfectamente la necesidad de retirar escombros y resguardar a los ciudadanos del riesgo de accidentes, por causa del deterioro de las edificaciones o de nuestros propios descuidos. Sin embargo, todo ello debe hacerse sin destruir el patrimonio penquista, pues afecta nuestra memoria e identidad.

Concepción y sus habitantes no podemos sufrir una nueva catástrofe provocada por la urgencia. Nos merecemos una ciudad armónica, una reconstrucción de calidad y autoridades capaces de enfrentar las emergencias y crisis con claridad y adecuada asesoría, actuando sin apuros y –las consiguientes– malas decisiones. Así lo exige el momento histórico que vivimos.

Soledad Garay Pita.

Publicado: 04/06/2010

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