• 08/marzo/2011 •

Violencia de género: Un problema transversal en la sociedad

Carolina Wemyss Cumsille

Carolina Wemyss CumsilleActualmente es Redactora Creativa de Moreau GTM & C y Encargada del Area de Lenguaje de CAPYTA. Como docente se desempeña en los Centros de Asesoría pedagógica Y Trastornos del Aprendizaje de varias Universidades. Además es Miembro Honorario Cum Laude del Directortio de Suite 121.net 2010.
Carolina Wemyss CumsilleActualmente es Redactora Creativa de Moreau GTM & C y Encargada del Area de Lenguaje de CAPYTA. Como docente se desempeña en los Centros de Asesoría pedagógica Y Trastornos del Aprendizaje de varias Universidades. Además es Miembro Honorario Cum Laude del Directortio de Suite 121.net 2010.

Sin pretender una realidad feminista, desde el inicio, en lo religioso, lo social, lo político y lo psicológico, la mujer ha estado en posición de subordinación al hombre. Esto es, dependiente de él en todos los aspectos. Esta situación, mantenida con celo y exageración por el género masculino, ha ido generando resistencia a través de los tiempos, transformándose de posición de subordinación en posición de sometimiento.

Esta sensación de «esclavitud» no siempre es sólo una sensación, sino una cruda realidad. En Chile, por ejemplo, un 25% de las mujeres son maltratadas física, psicológica, sexual o económicamente por sus parejas masculinas.

Según cifras de Naciones Unidas, entre el 25% y el 75%!! (segun el país) de las mujeres sufre maltrato habitual en sus hogares por parte de sus parejas masculinas. También se revela que el 25% ha sido violada alguna vez en su vida.

En el estudio realizado en Japón y otros nueve países del Tercer Mundo, entre ellos Brasil, Bangladesh, Perú y Etiopía, encontramos que del 4% al 12% de estas mujeres fue maltratada durante el embarazo, el 90% de ellas por el padre del niño por nacer. Y entre un cuarto y la mitad de ellas con golpes de puño y pies.

Según otra encuesta, realizada por la Federación de Mujeres Progresistas (España) a 100 mujeres víctimas de maltrato, un 64% de ellas ha intentado suicidarse; y hasta un 80% lo pensó alguna vez.

Como vemos, el problema es grande, grave y nivelado planetariamente, y ya conocemos el extremo; el femicidio, que al producirse no tiene solución posible, pues aún cuando el hechor reciba un «justo» castigo en lo legal, una vida perdida jamás se puede recuperar, como tampoco el daño psicológico inflingido al entorno afectivo de la víctima.

Sin embargo, no todas estas situaciones llegan al extremo. Hay infinidad de matices en el tema de la violencia de género. Así como también las hay en los estratos sociales en que esto ocurre. Es un problema transversal en toda la sociedad.

En los estratos sociales más bajos, C3, D, E, existen instancias a las cuales las mujeres pueden acudir; ONGs, Fundaciones, incluso Ministerios, en donde reciben ayuda por lo general gratuita. Acudan o no, están a su disposición y son ampliamente conocidas y publicitadas. Esto sin contar con la ayuda que puede brindar el entorno familiar, amigos, vecinos o testigos ocasionales.

En Chile, tenemos el Servicio Nacional de la Mujer, SERNAM, que cuenta con 90 Centros de la Mujer y 25 casas de acogida a lo largo del país; y diversas ONGs avocadas a apoyar a la mujer víctima de este tipo de violencia.

Existe, además, a nivel gubernamental, una «Agenda de género», cuyo monitoreo es un instrumento valioso para la coordinación entre los diferentes participantes en la ayuda a mujeres en situación de violencia.

Finalmente, en los estratos bajos la mujer abusada física o psicológicamente no está sola, y cada vez se atreve más a denunciar y buscar ayuda, que como expusimos, encuentra.

Pero hay un problema. Los programas de ayuda «integral» a mujeres víctimas de violencia doméstica están dirigidos a mujeres de estratos sociales bajos, más proclives a hablar del tema dado el carácter de situación «normal» con que se ve el problema de violencia en su entorno, y a denunciar o buscar ayuda cuando ya no soportan más la situación.

Estos programas se han centrado en la atención física, psicológica y legal de las víctimas, fallando en la capacitación de éstas para la generación de recursos propios que la ayuden a alejarse definitivamente del entorno de violencia del que escaparon y a no caer nuevamente en situaciones similares por causas económicas.

Falta aquí el apoyo que quizás podrían brindar las mujeres víctimas de abusos de los estratos sociales medio y alto, generando espacios de reinserción laboral en un gesto solidario con sus congéneres de menores recursos intelectuales y económicos víctimas del mismo tipo de violencia.

Porque en los estratos medio y alto esta situación también se produce, y con la misma frecuencia, pero se oculta por razones de estructura de comportamiento. Se manejan mucho más en base a la imagen, al «qué dirán» del entorno social y familiar. La mujer de estos estratos sufre los mismos abusos y violencia; que con menor frecuencia llega al extremo del femicidio, pero no por ello estas mujeres sufren menos del maltrato.

Según los datos recopilados, no existen en toda Latinoamérica instituciones dedicadas a ayudar a mujeres abusadas de los estratos medio y alto. No tienen a quien recurrir, y se van aislando y padeciendo en silencio el abuso de sus parejas masculinas, que en muchos casos ni siquiera les permiten el manejo de dinero, como para acudir por ayuda paga.

Así, poco a poco van cayendo en distintas patologías provocadas por la situación de desmedro en que se ven obligadas a vivir:

-Depresiones reactivas

-Cuadros ansiosos severos

-Frustración

-Anulación del Autoestima

-Trastornos alimenticios

-Trastornos sexuales

-Tendencia a las adicciones

-Adopción de falso self (adoptar conductas adolescentes)

-Reafirmar sexualidad de modo promiscuo (se van a la cama hasta con el cartero si les dice «linda»)

-Conductas compulsivas

Frente a esta realidad se hace necesario algún proyecto de talleres de ayuda mutua, en donde se puedan reunir estas mujeres con otras que hayan podido romper el círculo y con profesionales que conozcan las herramientas y las metodologías para enfrentar estas situaciones, de modo que en conjunto puedan retomar el control de sus vidas y rehacer su autoestima para salir de esta forma de violencia encubierta por prejuicios sociales en la que se ven obligadas a supervivir a medias.

Parafraseando a nuestra ex-Mandataria, Michelle Bachelet Jeria, en su discurso de inauguración de ONU Mujer el 24 de Febrero de 2011, y del cual es Secretaria General Adjunta y Directora Ejecutiva:

La experiencia nos enseña que no hay límite para la mujer. Desde la que saca a flote una familia con su esfuerzo, hasta la que llega a Mandataria de un país. Es un deber, entonces, poner todas las herramientas a su alcance para aprovechar la fuerza, el valor y la inteligencia de la mujer.

Si la unión hace la fuerza, la unión frente al sufrimiento y el menoscabo producidos por la violencia de género es la fuerza que se necesita para terminar de una vez con ésta. Todo lo anterior, sin desmerecer a los hombres que no calzan en el cuestionamiento, y es más, apoyan esta real causa femenina.

Es Publicista de la Universidad de Santiago de Chile. Ha sido Directora Creativa en importantes Agencias de Publicidad en Chile y en el extranjero.

Carolina Wemyss Cumsille.

Publicado: 08/03/2011

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