• 16/marzo/2013 •

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Andrés Rojo Torrealba

Andrés Rojo Torrealba
Periodista titulado de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es sesor parlamentario por cerca de quince años, en el Senado y la Cámara de Diputados. Colabora con medios nacionales y regionales, además de virtuales; realiza asesorías para diversas embajadas: y presta funciones como escritor fantasma. Conduce un taller de cuentos y escribe cuentos, novelas y aforismos.
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Andrés Rojo Torrealba
Periodista titulado de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es sesor parlamentario por cerca de quince años, en el Senado y la Cámara de Diputados. Colabora con medios nacionales y regionales, además de virtuales; realiza asesorías para diversas embajadas: y presta funciones como escritor fantasma. Conduce un taller de cuentos y escribe cuentos, novelas y aforismos.

Ni siquiera ha anunciado que acepta ser candidata a la Presidencia de la República, pero el solo anuncio de que Michelle Bachelet ha presentado su renuncia a ONU-Mujer ha causado tal revuelo en las redes sociales y la prensa, tal entusiasmo de sus adherentes, que parece olvidarse un pequeño detalle: Aún falta que se realicen las elecciones.

La confianza de los concertacionistas se basa en que la popularidad de la ex-Presidenta parecería garantizarles un triunfo seguro en las presidenciales, pero nuevamente olvidan algunas cosas.

En primer término, que el piso electoral de la Derecha es mayor que el respaldo del actual Gobierno; luego, que las encuestas indican popularidad pero no necesariamente intención de voto; que hasta ahora, por lo menos participará también Marco Enríquez-Ominami (no es el mismo de hace 4 años atrás, pero algo de votación le quita a la Concertación); tercero, que las posibilidades de cuestionar a una persona que ya ha sido Presidenta son mucho mayores que los ataques posibles a un candidato sin pasado; y, por último, que el triunfo electoral es más una expresión de deseos que un cálculo objetivo de las posibilidades.

También hay que considerar que el Chile del 2013 no es el mismo Chile del 2009.  Para comenzar, las redes sociales muestran una ciudadanía que, parafraseando a Parra, no es de Derecha ni de Izquierda, sino todo lo contrario, y que está siendo ya capaz de pautear la agenda de los medios de comunicación.   Estas personas pueden poner en el tapete del debate temas que le incomodan a la Concertación, y esos son votos que hay que restar.

Por otro lado, a pesar de la falta de empatía del actual Presidente, es innegable que ha tenido sus méritos, sobre todo en cuanto al desarrollo económico, y ya se sabe que en un país estable en el que los conflictos sociales pueden ser disimulados y se ha producido el surgimiento de una generación de aspiracionales, la promesa de mejorar la situación individual es un elemento atractivo para una campaña electoral.

Finalmente, suponiendo que el candidato de la Derecha es Golborne, hay que tomar en cuenta que la UDI ha demostrado su habilidad para penetrar los sectores populares.  No en vano es el partido más votado, mientras que la Concertación parece haber perdido el encanto, el contacto con las bases y muestra siempre una preocupante tendencia a las disputas internas.

No es tan fácil para Michelle Bachelet, como pudiera pensarse, pero el entusiasmo de sus partidarios es comprensible.

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