• 18/julio/2009 •

Y ahora ¿quién podrá salvarnos?

<b>Rafael Garay</b><br>Vicerrector de Comunicaciones y Profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Central de Chile. Ingeniero Comercial y MBA IP. Candidato a Doctor en Economía y Negocios Internacionales de la Universitat de Lleida.

Rafael Garay
Vicerrector de Comunicaciones y Profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Central de Chile. Ingeniero Comercial y MBA IP. Candidato a Doctor en Economía y Negocios Internacionales de la Universitat de Lleida.

En días recientes hemos sido testigos del mayor esfuerzo posible del Banco Central de Chile, con una disminución de tasa de política monetaria (TPM) que la deja en su menor nivel histórico, esto es un 0,5%.

Adicionalmente, los planes del gobierno enfocados en mayor gasto fiscal –que significarán un déficit aproximado de 4,7% para este año-, y un fuerte aumento de las medidas en defensa del empleo, conocidas como para Pro-Empleo, hablan de una coordinación mayor entre la autoridad fiscal y monetaria. Al menos mayor que la existente en el año 2008, donde la falta de coordinación significó una inflación de 9,9% en doce meses, y un aumento de la TPM hasta un 8,25%.

A pesar de este esfuerzo, el desempleo seguirá aumentando hasta llegar, lamentablemente, a un 11,9% a nivel nacional, en su momento más alto. ¿Qué es lo que pasa entonces? Me aventuraré a un listado descriptivo, pero obviamente no exhaustivo de las potenciales razones:

1.- Las medidas de bajas de tasas por parte del Banco Central fueron fuertes, pero aplicadas de manera tardía.

2.- Medidas como el subsidio a la contratación entre otras, se demoraron meses en ser aprobadas e iniciar su implementación. Esto habla de lentitud del ejecutivo, pero también de una falta de sentido de urgencia en el poder legislativo.

3.- La banca privada, en una demostración de aversión al riesgo, a mi juicio desmedida, no aplicó rebajas importantes para la financiación de empresas y las evaluó con criterios excesivamente duros para una coyuntura económica como la actual, dejando a muchas pequeñas y medianas empresas sin capital de trabajo ni liquidez.

Sólo con los tres puntos anteriores, vemos que tanto el gobierno como algunos actores privados han pecado de falta de sentido de urgencia. Al parecer tenemos un pequeño porcentaje de los chilenos -donde no están los casi 860 mil compatriotas que no tendrán ingresos-, que controlando el poder político y económico, se han olvidado del otro 95% de los habitantes del país.

En la coyuntura es difícil hacer ajustes. Creo que es imperativo construir una mejor sociedad en el mediano plazo, una más inclusiva, con mayores oportunidades, donde cada uno de nosotros tenga espacio para desarrollar actividades laborales que permitan mantener un nivel de vida acorde con los países de la OCDE, donde aspiramos con tanta fuerza pertenecer.

Se necesitará mejor educación, mayor inversión en investigación y desarrollo, un sistema regulatorio distinto y, sobre todo, una sociedad más solidaria de la que hemos construido.

Rafael Garay

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