• 16/mayo/2019 • Internacional,Poemas-Relatos
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Zdravo

<b>Ilka Oliva Corado</b><br> <b>@ilkaolivacorado</b><br> <b>cronicasdeunainquilina.wordpress.com</b><br> Escritora guatemalteca. Inmigrante indocumentada con maestría en discriminación y racismo.

Ilka Oliva Corado
@ilkaolivacorado
cronicasdeunainquilina.wordpress.com
Escritora guatemalteca. Inmigrante indocumentada con maestría en discriminación y racismo.

Llevo mi bote lleno de monedas, estoy esperando en la cola para que uno de los cajeros me atienda y me los pueda cambiar por dólares. Esas monedas que uno va guardando del sencillo que se acumula en el monedero. Solo hay dos cajeros atendiendo y que también se turnan para ir a atender la ventanilla de los que van en automóvil: uno hindú que es nuevo y aun está aprendiendo y que por lo regular todo el tiempo se equivoca y nunca pide disculpas por las metidas de pata, aparte que es la lentitud andando; y otro latinoamericano muy amable pero que se mantiene como trompo porque los clientes latinos que no hablan español solo lo buscan a él.

Finalmente el hindú me atiende con su parsimonia de siempre solo para decirme que la máquina no está funcionando y que espere unos minutos mientras trata de arreglarla para poder cambiarme las monedas, entonces me siento a esperar porque conociendo su chispa eso llevará tiempo.

A mi lado en el sillón de sienta una señora como de 75 años, tipo europea, uno de los subgerentes del banco que es pakistaní llega inmediatamente a preguntarle si la puede ayudar en algo y ella le contesta en un parco inglés y a secas: resting (descansando) el hombre que no le escucha muy bien se acerca y le vuelve a preguntar si necesita ayuda y ella le vuelve a contestar Resting (descansando), él no entiende muy bien y entonces yo le digo que ella dice que solo se sentó a descansar, en eso llega un señor que se presenta como su esposo y le comenta al pakistaní que necesita tramitar algo en el banco y que si lo puede atender, los dos hombres se van y yo me quedo con la señora mientras espero a que el de la parsimonia logre arreglar la máquina que cuenta las monedas.

Le pregunto de qué país es, ella me contesta que habla poco inglés, que no le gusta, que ya vino grande al país y que su cabeza no da para aprenderlo, yo le digo que soy de Guatemala y que hablo español, una sonrisa se le marca en el rostro cuando digo Spanish (español). Pero no entiende en dónde queda Guatemala entonces le explico que colinda con México, que es el país que le sigue yendo hacia el sur. ¡México!, tacos, Vallarta, dice emocionada. Entonces se relaja y me cuenta que es de Macedonia, y vuelve a repetir como quien da santo y seña de un lugar: Macedonia, Yugoslavia y me trata de formar un mapa en el aire, señalando con sus manos. Qué idioma hablas, le pregunto pero no me entiende, le digo que no se preocupe, que aunque no hablemos el mismo idioma nos vamos a entender, y se me queda viendo tratando de descifrar lo que le dije.

Cómo se dice hola en tu idioma, le pregunto, Hi, cómo se dice Hi y le hago la seña con la mano, le digo que Hi se dice hola en español y que cómo se dice en su idioma, sonríe feliz y contesta Zdrabo y me saluda con su mano, las dos nos reímos y nos damos la mano. Zbrado, vuelve a repetir pero esta vez con seguridad y orgullo, Zdrabo le contesto de vuelta. Y es suficiente para que se acomode en el sillón y comience a hablar en su idioma, de un hilo sin parar, de cuando en cuando se le salen palabras en inglés y español: Work, Factory, (trabajo, fábrica) muchos años, cansada, sueño, no resting, (no hay descanso) amigos, cerveza, tacos, Mexicans friends (amigos mexicanos). Y todo lo explica con los gestos y sus manos, cuando dice que no había descanso en la fábrica se toca las piernas y la espalda y pone cara de cansada, cuando habla de los amigos mexicanos le brilla una sonrisa en el rostro.

Yo la observo fascinada mientras la escucho: tiene el cabello rubio entre cano, sus cejas sin depilar y un bigote espeso muy fino, su rostro lleno de bellos finos, sus ojos verdes, tiene la ajadura de los años en cada surco que marca las grietas de sus manos y su rostro, y ella habla y habla y habla y yo sigo observando sus ademanes y sus expresiones faciales, no entiendo de qué habla, no sé qué me estará contando porque no pronuncia más palabras en inglés ni español.

¿Hace cuántos años salió de su país? ¿Por qué emigró? ¿Qué es lo que añora de su Macenodia natal? ¿Yugoslavia? Quisiera preguntarla si Macedonia era antes parte de Yugoslavia, que si sabe algo de la Unión Soviética, porque yo no sé nada. ¿Cuál es la comida típica de Macedonia? ¿Se come pan, tortilla, arroz? ¿Crecen los mangos allá? ¿Qué fruta crece?, ¿cómo fue su juventud en Europa? Cuánto quisiera hablar el serbio, el macedonio, su idioma materno para que pudiéramos conversar y saber un poco más de ella, pero realmente no importa sino entiendo su idioma materno, hay un idioma universal que no necesita traducción y éste es el idioma de las almas: el idioma de la añoranza migrante, de la condición de seres humanos sin fronteras.

Finalmente llega con toda su parsimonia el cajero hindú para decirme que ya está lista la máquina y que puedo ir a contar las monedas, me despido de la señora no sin antes preguntarle cómo se dice adiós en su idioma materno: Zbogum, me contesta emocionada, Zbogum, repito y la abrazo, en español se dice adiós le digo y me marcho, adiós, repite haciéndome saludos con la mano.

Mientras el cajero cuenta la monedas pienso en lo fascinante que es conversar con personas desconocidas, es de las cosas que más me gustan en la vida, porque uno se da cuenta que por muchas diferencias de color, de nacionalidad, de cultura, de idioma, de religión, de grado de escolaridad, no somos tan distintos en realidad, somos un solo hilar de muchos colores, como el arcoíris: que por eso es hermoso.


Ilka Oliva Corado
Blog de la autora: https://cronicasdeunainquilina.com

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