• 26/agosto/2014 •

Ejercicio y dieta saludable para cuidar el corazón

<b>Alejandro Saavedra Concha</b><br>
Académico Facultad de Ciencias de la Actividad Física Universidad San Sebastián

Alejandro Saavedra Concha
Académico Facultad de Ciencias de la Actividad Física Universidad San Sebastián

En agosto se celebra el mes del corazón, periodo emblemático que busca que la población tome conciencia  sobre la importancia de su cuidado más todavía si consideramos la alta tasa de  defunciones que se producen año a año debido a las enfermedades cardiovasculares. En Chile representan la principal causa de muerte en varones mayores de 35 años y la primera en mujeres sobre los 50 años.

Uno de los principales elementos protectores contra la mayoría de los factores de  riesgo cardiovascular (estrés, sedentarismo, presión arterial elevada, tabaquismo, hipercolesterolemia y la mala nutrición, entre otros) no es una pastilla milagrosa ni un remedio de última generación, sino  una antigua práctica que en la actualidad afortunadamente está volviendo a tomar protagonismo: ejercitarse.

Mantener una vida activa y saludable con una alimentación balanceada,   baja considerablemente el riesgo de sufrir algún tipo de patología o enfermedad no transmisible como la hipertensión y la diabetes. Asimismo, puede, una vez desarrollada la patología, mantenerla en niveles controlados o inclusive bajar algunos parámetros, por ejemplo, en la hipertensión arterial de un  estadio a otro, contribuyendo  inclusive disminuir significativamente  la resistencia a la insulina, protegiendo el organismo de una posible diabetes.

Sin perjuicio de lo anterior, esta actividad permite además  mantener una musculatura adecuada a edades más avanzadas  previniendo la sarcopenia y, por medio de la liberación de endorfinas, contribuye a bajar  los niveles de estrés.   Ahora bien, esta práctica debe necesariamente estar acompañada de estilos de vida saludables incluyendo la alimentación. La sinergia que se produce entre alimentación adecuada y actividad física es invaluable y mucho más efectiva que si las abordamos por separadas. La actividad física por sí sola no será capaz de tener un efecto duradero sobre la obesidad, aunque colabore a bajar los niveles de colesterol y triglicéridos. Por su parte la alimentación adecuada no favorecerá necesariamente la preservación de nuestra masa muscular ni a bajar el estrés de la vida moderna.

En conclusión, la actividad física y una alimentación balanceada  cuidan nuestro corazón y  contribuyen a una mayor expectativa de vida  y a una mejor calidad de ésta.

 Alejandro Saavedra Concha

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